Dos personas conversan con micrófono en un panel frente a un fondo con el logo de Bitcoin Beach, durante el Circular Economy Summit en El Zonte, El Salvador

Una economía circular de Bitcoin no se construye solo con tecnología

Fui a El Zonte, en El Salvador, con una pregunta concreta: qué hace que una economía circular de Bitcoin funcione de verdad, más allá de la anécdota. Durante el Circular Economy Summit en El Zonte coincidí con representantes de economías circulares de distintas partes del mundo, comunidades que trabajan para que Bitcoin sea útil en la vida cotidiana: como medio de intercambio, como herramienta educativa y como punto de encuentro para el desarrollo local. Volví con una respuesta más simple de lo que esperaba, y también más exigente.

La tecnología es la parte fácil

La lección central que me llevé es que una economía circular no se construye solo con tecnología. Se construye con confianza, con educación, con comercios dispuestos a participar y con personas que encuentran valor en colaborar.

La billetera, el punto de venta y la red Lightning ya existen y funcionan. Lo que decide si un pueblo adopta Bitcoin o no es otra cosa: si el comerciante confía en que va a poder usar lo que recibe, si alguien le enseñó a hacerlo con un lenguaje claro, y si hay suficientes vecinos y visitantes haciendo lo mismo como para que valga la pena. Eso cambia el orden de prioridades de cualquier proyecto: primero la gente, después la herramienta.

Lo que aprendí conversando con Mike Peterson

Parte de ese viaje fue una conversación con Mike Peterson, impulsor de Bitcoin Beach, el proyecto que convirtió a El Zonte en el experimento de adopción de Bitcoin más conocido del mundo. Bitcoin Beach no nació de un decreto ni de una gran inversión: empezó en 2019, cuando una donación en Bitcoin se canalizó hacia proyectos comunitarios con una condición clara, que el dinero circulara dentro del pueblo en lugar de convertirse de inmediato a dólares.

Comparar experiencias con él me permitió pensar cómo adaptar esos aprendizajes a la realidad dominicana. La lógica de fondo es sencilla: una economía circular funciona cuando la gente recibe y gasta en Bitcoin sin necesidad de salir del sistema. Lo que no es sencillo es sostener esa dinámica sin comunidad.

Entender los principios, no copiar el modelo

El objetivo no es copiar un modelo extranjero. Bitcoin Beach funcionó porque encajó con la realidad de El Zonte: un pueblo pequeño, turístico y cohesionado. República Dominicana parte de un lugar distinto. Lo que sí podemos hacer es entender los principios y trabajar una propuesta propia, conectada con nuestras comunidades, nuestro turismo, nuestra agricultura y nuestro talento.

Ahí es donde el tema deja de ser «Bitcoin» y pasa a ser desarrollo territorial. Lo he planteado con más detalle al hablar de turismo y desarrollo territorial: los pueblos con identidad, comercio y flujo de visitantes ya tienen las piezas que hacen falta; lo que suele faltar es la organización y la infraestructura, también la digital, para que ese valor se quede en el territorio. Bitcoin y Lightning son una herramienta más dentro de esa infraestructura, no el titular.

Confianza, educación y reglas claras

Hay otra condición que en El Zonte se resolvió por la vía comunitaria y que en nuestro caso pasa también por las instituciones. Para que un comercio, una cooperativa o un municipio se animen a participar necesitan claridad: qué está permitido, cómo se declara, quién responde. Por eso insisto en que regular bien es una herramienta de competitividad, no solo de control. Sin reglas claras, la confianza que sostiene una economía circular se queda en el círculo pequeño de quienes ya entienden la tecnología, y el modelo no escala.

Una conversación más amplia

La participación en El Salvador forma parte de una conversación más grande sobre el futuro del dinero, la inclusión financiera y la capacidad de las comunidades para crear soluciones desde abajo. Desde Bitcoin Dominicana mi trabajo está en esa línea: educación, adopción en la vida cotidiana y comunidad, en diálogo con proyectos como Bitcoin Beach, pero con los pies en el país.

Ese es el criterio con el que evalúo cualquier iniciativa de economía circular en República Dominicana: no si la tecnología está lista, que ya lo está, sino si hay confianza, educación y comercios dispuestos. Cuando esas tres cosas aparecen, Bitcoin deja de ser un tema de conferencia y empieza a ser algo que un pueblo usa.

Esta perspectiva parte de la cobertura del Summit publicada en Bitcoin Dominicana. Si estás pensando una iniciativa de adopción o una economía circular en tu comunidad o tu negocio, hablemos.

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